jueves, 16 de diciembre de 2010

Madre e hija




Sacrificios
El viento es una máscara para mis lágrimas
Mis brazos extendidos simulan alas
Tu ausencia clavada en mi pecho
Finge la muerte.
El reloj inmutable me doblega
araña mi rostro
Mas embellece el tuyo
¿Seguiré en tu sangre?
No me consuela

2 comentarios:

Laura Rivera dijo...

Bellísimo, Marisa!!
Un beso

Hernán Schillagi dijo...

Marisa: la típica herencia y el "verse" realizado en los ojos de nuestros hijos. Esa falsa ilusión de perpetuidad y de concreción de lo que no alcanzamos a terminar.

En cuanto al paso del tiempo, querida amiga: ya estuviste en el lugar de bella juventud de tu hija. ¡Qué le vamos a hacer! Pero, cuando uno quiere trocar lozanía por experiencia, sabe que el precio es más alto que las arrugas. Por algo ya hemos pasado por ese lugar.

No creo que el tiempo nos doblegue. Prefiero pensar que nos endurece y nos da entereza.

Un abrazo de fin de año y que el 2011 nos siga encontrando juntos.