martes, 11 de diciembre de 2012

Cuarto creciente de la luna menguante.







La luna vagaba por mi horizonte ausente
de tus caricias lejanas,
y un loco me hacía señas para distraerme.
Trajo una escalera y un globo,  un cuadro
y hasta un desayuno con merengues,
pero no te trajo.
 
 
Y cargué la luna sobre mi espalda
para colgarla del techo de mi dormitorio.
Ahora ella ilumina tus poemas como brasas
que me recuerdan tu corazón.    
 

sábado, 1 de diciembre de 2012

La lluvia desnudó tu nombre.




Brilla la ciudad a través de los ojos nostágicos del amante.  Se ilumina y se deja llevar por el recuerdo.  Invoca los pasos de la amada que lo sorprende con sus besos mojados y antes de la despedida escribe su nombre en el vidrio de la ventana transpirada para recordarse.

La eternidad se suaviza con los besos.

Ella le regala en el vidrio llovido su verdadero nombre para que la posea para siempre,  como una marca del último suspiro,  como un amor invisible que le pide su aliento.

La lluvia le borra las máscaras y la deja despojada y primigenia en la transparencia de la ventana.