martes, 5 de noviembre de 2013

Diario de una jirafa




Diario de una jirafa
Día uno:

Estos días que he sido jirafa han sido fantásticos. He visto mi vida chiquita y bonita.

 Encontré otros colores en el horizonte y algunas motas de polvo me acercaron noticias de la magia.

 Comer hojas me trajo amistad con unos pájaros que creyeron que los desalojaría de su horqueta en el follaje. Fue sólo un malentendido. Ahora me cantan en la mañana y sus trinos me recuerdan la ventana por la que me asomaba en mi otra vida.

 No sé si volveré.
Día dos:

Hoy, que me queda poco tiempo de esta vida confieso que he aprendido.

He aprendido que nadie es mudo cuando llega hasta más allá de las palabras. He aprendido que no está sucio quien con barro construye una casa, un refugio. He aprendido que el camino no garantiza nada, solamente la búsqueda garantiza la sorpresa. He aprendido que vivir sin valorar lo que se tienen, es sólo caminar sin conciencia.

El horizonte me regala el brillo de la magia y la sabiduría de caminar siendo otra, respetando las necesidades de otros, viendo la vida con otros ojos.
Día tres:

Último día como jirafa: Es difícil abandonar la postura de un animal tan elegante, silencioso y pacífico. Algo de ella quedará en mí, algo mío se irá con ella. Ya estoy practicando para el cambio porque ni a ella, ni a mí nos gustan los cambios abruptos.

 Las dos disfrutamos de los pasos lentos, la brisa en la cara que nos recuerda la libertad y las caminatas sobre el pasto mojado de la mañana. Pesaré las palabras de forma diferente después de no tenerlas en la garganta. Mediré las distancias de otra forma ya que depende del paso. Y especialmente volveré a esta vida a recuperar los sabores que me regaló el amor. Volveré a pensarme y a inventarme, pero con la sabiduría de su andar.