jueves, 2 de enero de 2014

Tomar las riendas






Llegaba el año nuevo en el sur y ella vio a través de esa ventana iluminada a quien sería su mundo.  No esperó.  No dudó.  Salió a la calle habitada de posibilidades para alcanzar lo que creía imposible.  Se alineó atrás del hombre con mochila en la vereda esforzada,  le tocó el hombro.  Él se dio vuelta sorprendido.  Prestó atención a los labios de la mujer que le susurraban.
- ¡Perdón! - Se sonrió con el comentario.- ¿Cómo dijo? ¿En qué puedo ayudarla? - Agregó agradablemente estrañado por la bella.
- Mara.  Mi nombre es Mara.- Declaró la mujer mientras le extendía la mano para saludarlo.
Atónito y sonriente extendió su mano. 
Así estrecharon una promesa.