martes, 5 de diciembre de 2017

Un sueño que viaja en el azul



                Un mar para Emilia de Liliana Bodoc como escritora y Vicky Malamud como ilustradora es un vivo ejemplo de sensibilidad y condensación hecho libro.
                Desde la tapa y contratapa comienza la narración de una historia perpleja de tonos tenues y envejecidos propios de las narraciones tradicionales. Emilia, aparece en la tapa de espaldas al lector de modo que tenemos la idea de haber irrumpido en medio del devenir de los hechos, es decir, una forma más de incluirnos como lectores de esta historia tan dulce.
                En la mayor parte del libro hay espaciosas y tranquilas ilustraciones de doble página, presentadas con una porción breve de texto. Componen un mundo donde los elementos se destacan porque caben, tienen todo el espacio que necesitan, tanto en la ilustración como en el texto no hay abigarramientos, las narraciones fluyen de una manera sencilla y el sentido se va desarrollando en equilibrio.
                Por momentos, las ilustraciones corren solas, sin texto, proponiendo un camino de aventuras para uno de los personajes y para el mismo lector que va viajando por diferentes escenas.
                También es un acierto el diseño de que en algunas páginas, el texto adopta la forma ondulante de las montañas o del mar. De este modo el texto está integrado como un elemento visual además de un mensaje verbal.



                El deseo de conocer el mar es un anhelo para muchos, es un conocimiento que se atesora por su vastedad y desde el inicio, vemos en la tapa unas nubes con formas de peces rellenos de letras que me inspiran todos los relatos, noticias y pensamiento que se reúnen en derredor de una ilusión.
                Emilia es un personaje entrañable, de esos a los que nos tiene acostumbradas Liliana. Una niña soñadora y con sus propias hipótesis sobre la vida. Esto permite que el libro pueda ser leído para niños a partir de los cuatro años que se sentirán identificados con las preguntas y las ocurrencias de Emilia.
                Por otro lado, si la idea es que los niños lo lean solos, yo lo recomendaría a partir de los siete u ocho años ya que el vocabulario lo permite y la organización lineal de la narración gráfica favorece a esta lectura independiente.

                Un mar para Emilia es un libro claro, diáfano, con mundos diurnos, escenarios despojados y personajes solitarios que nos seducen con su candidez. Agradecidas a Bambalí Ediciones que cuida de la calidad de estos libros en todos sus aspectos.



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