jueves, 22 de septiembre de 2011






El aprendiz
            La cocina del restaurante era fresca y amplia,  poco común.  El primer día para el aprendiz y había llegado temprano.  El jefe de cocineros entró como un rey en sus dominios.  Inmediatamente designó a cada cocinero un plato para preparar.  Los mozos tomaron nota y comenzaron su investigación para ilustrar a los futuros comensales.  El aprendiz esperó hasta el último turno.  Se le asignó el postre,  “Natillas con merengue”. 
            El inexperto buscó las instrucciones en el gran libro de recetas del Chef.  Mientras tanto el mozo que lo serviría tomó nota en la libreta de pedidos para armar su explicación: Las primeras en prepararlas fueron monjas.  Se las nombró “crema del cielo” y luego natillas.  Era el postre preferido de Fernando VII de Borbón.   Y al mismo tiempo el  aprendiz memorizaba las explicaciones y advertencias de la preparación:   batir las yemas con el azúcar impalpable hasta que pierdan su color.  Medir el almidón de maíz lejos del ventanal para que no se vuele.  Batir las claras a punto nieve tres veces.
            El Chef pasaba por detrás de los hombros de los cocineros con su ceño fruncido advirtiendo de los excesos. 
            Cuando el menú estuvo listo,  cada cocinero se colocó frente al espacio que ocupaba su plato en la mesa central.  Y a su lado el mozo preparado para narrar la historia del plato,  o su valor nutricional,  o las odas escritas en honor de sus ingredientes.
            El aprendiz pensó que la tensión lo iba a derretir. 
            Con parsimonia,  el Jefe de cocina probó un mísero bocado de cada plato y escuchó las explicaciones.  Su aprobación era el silencio.  Todos los ojos permanecían prisioneros de sus gestos.
            Al llegar ante el nuevo,  el plato estaba vacío.  El aprendiz se desesperó sorprendido.  Y el Maestro sonrió y demostró su sabiduría.
-         Mira el techo,  muchacho. -  Adosado al cielo raso el postre con merengue como una nube. – Siempre pasa esto la primera vez que sirves la Crema del cielo.

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