martes, 11 de diciembre de 2012

Cuarto creciente de la luna menguante.







La luna vagaba por mi horizonte ausente
de tus caricias lejanas,
y un loco me hacía señas para distraerme.
Trajo una escalera y un globo,  un cuadro
y hasta un desayuno con merengues,
pero no te trajo.
 
 
Y cargué la luna sobre mi espalda
para colgarla del techo de mi dormitorio.
Ahora ella ilumina tus poemas como brasas
que me recuerdan tu corazón.    
 

2 comentarios:

Proyecto María Castaña dijo...

Qué grande y, paradójicamente, que cotidiana, mínima y maleable es esa luna que pende del techo del cuarto. A pesar de su luz potente, sospecho que esa luna vela un sueño tan triste que el "yo lírico" de este poema puede apagarla con el click del interruptor como si se tratara de una lámpara más.
Sobre el loco, Horacio Ferrer te prestó el suyo un ratito para que lo hicieras trabajar un poco en tu poema. Es muy refrescante y lúdica la irrupción de este personaje.
La seguimos después de tu comentario, un beso,
María Castaña.

Marisa Perez Alonso dijo...

Es que en mi cabeza y en mi corazón no existe un orden muy común, aunque están ordenados para mí. Así se mezclan los tiempos y los recuerdos con las esperanzas. Y en esa mixtura se moldean los pensamientos. Y entre esos surcos he podido cultivar algunos poemas como si fueran juegos. ¡Qué lindo que te hayas sumado a jugar conmigo!