De Marisa Pérez Alonso. Permitida y deseada la reproducción, siempre que cites la fuente.
jueves, 21 de marzo de 2013
martes, 11 de diciembre de 2012
Cuarto creciente de la luna menguante.
y un loco me hacía señas para distraerme.
Trajo una escalera y un globo, un cuadro
y hasta un desayuno con merengues,
pero no te trajo.
Y cargué la luna sobre mi espalda
para colgarla del techo de mi dormitorio.
Ahora ella ilumina tus poemas como brasas
que me recuerdan tu corazón.
sábado, 1 de diciembre de 2012
La lluvia desnudó tu nombre.
Brilla la ciudad a través de los ojos nostágicos del amante. Se ilumina y se deja llevar por el recuerdo. Invoca los pasos de la amada que lo sorprende con sus besos mojados y antes de la despedida escribe su nombre en el vidrio de la ventana transpirada para recordarse.
La eternidad se suaviza con los besos.
Ella le regala en el vidrio llovido su verdadero nombre para que la posea para siempre, como una marca del último suspiro, como un amor invisible que le pide su aliento.
La lluvia le borra las máscaras y la deja despojada y primigenia en la transparencia de la ventana.
lunes, 12 de noviembre de 2012
La literatura secreta
Fotografías del sitio Pankaj Valia.
La literatura para niños y jóvenes comienza como tal desde hace muy poco tiempo[1] ya que responde a un cambio muy importante dentro de la sociedad, aquel momento en que se consideró a los niños y jóvenes como seres con su propia impronta y no como adultos pequeños. Ligado a este hecho aparece la idea de la escuela como centro de educación para muchos, y la literatura pasa a cumplir un papel específico: trasladar a las nuevas generaciones el modelo social imperante dentro del modelo educacional. La literatura infantil y juvenil, fue considerada en esa época el mejor medio de domesticación política, moral, religiosa y pedagógica.
En
cambio, en la actualidad se superponen
las consideraciones entre una literatura interesada y una interesante. La transformación de los prejuicios o
pretextos acerca de las publicaciones para niños y jóvenes van dejando atrás ese
viso didactista y utilitario con cierta
lentitud, pero cada día se ve más
cercano el ideal de una literatura despojada de utilitarismo.
Existe un gran peligro en catalogar
a la literatura a priori “para niños” o “para jóvenes” porque la capacidad
evocadora del texto, su esencia estética, su particular condición lúdica, que provoca
al lector joven, primerizo, no proviene de su condición de adaptabilidad a
la edad de su destinatario sino a su misterio artístico. Y esta condición debe ser abarcadora y
contenedora. Opuesta a los intereses de
las productoras de libros adocenados, de
los guetos de escritores a pedido, de
las políticas de educación adoctrinadoras.
Tanto los críticos
literarios, los investigadores, los escritores y los docentes - estos
últimos, a veces, no toman verdadera conciencia de qué y cuánto
de críticos tienen – somos mediadores en la difusión de la cultura, y como tales, seleccionamos lecturas recomendables, es decir que en esa distinción evidenciamos
un criterio. Y es curioso saber que ese
criterio, en muchos casos, contempla obras o autores catalogados como
“imperdibles” y que sin embargo, dejan
afuera a muchos de nuestros alumnos,
lectores hambrientos y perspicaces,
que prefieren la recomendación de sus pares, o de lectores marginales al sistema por ser
éstas las obras que los conmueven y transforman.
Todos sabemos que cada uno sufre
una metamorfosis al salir de la lectura de un libro fascinante, intenso,
lúdico. Nadie permanece inmutable
a la buena literatura y esta no debe estar en exposición en una vidriera, sino a la altura de la mano del lector.
En la literatura para niños y
jóvenes es escasísimo el tratamiento de temas como las desapariciones, la política,
la muerte, las malas palabras, el sexo,
la guerra, la discriminación, por nombrar algunos de los vacíos. Temas que
por otra parte están muy presentes en los programas televisivos, los noticieros, revistas,
internet. Es como si existiera la
creencia de que si en la literatura no se incluyen estos temas, la obra es más artística o, tal vez,
si no se habla de esos temas desaparecerán, como por arte de magia. Pero la magia no parece un tema serio. Y los niños reclaman que se los trate
seriamente; los jóvenes buscan la
dignidad de elegir lo que muchos mediadores adultos le censuran.
En su libro Hacia una literatura sin adjetivos,
Andruetto afirma que los lectores reclamamos a través de la literatura
una “porción de humanidad” y el escritor tiene la oportunidad de ofrecerla a
través de una escena, de sus personajes o
de sus interpretaciones culturales.
Por
último, propongo una visión de la literatura como la
última experiencia de libertad. Leer sin
prejuicios para revelar los sentidos de la obra como si de sacar velos se
tratara, un acto íntimo y sensual de
desnudarla. Un camino para rebelar (se)
en contra de la opresión y la censura.
Censura que no siempre se manifiesta abiertamente, sino que muchas veces está en una
omisión, en un cajón cerrado, en la falta de crítica. “Revelación y Rebelión[2]”
dice Andruetto, buena literatura que nos habla de nosotros
mismos, textos como juegos que nos
incluyan como en una ronda. ¿Juguemos a
la ronda, ronda de leer sin
prejuicios? Así sonreiremos más, muchos más.
(Fragmento de la ponencia “Hacia
una literatura más pimpante y menos rimbombante” leída en el Simposio GEC.
Teóricos y Críticos frente al espejo.
U.N.Cuyo, F.F y Letras. En
setiembre del 2011.)
sábado, 3 de noviembre de 2012
El don de abrazar la literatura
"Abuela cuenta cuentos" de Chiara Raineri
Al don, al don,
al don pirulero
Cada
cual, cada cual atiende su juego
Y
el que no, y el que no
Una
prenda dará…
¿Se
acuerdan de este juego? ¿Alguien se
preguntó si Aldón era un nombre o Pirulero un apellido? Nadie, porque en el momento de jugar, un niño no cuestiona las definiciones, juega.
De igual forma cuando un niño juega a que lee, no juega,
lee.
La
Alfabetización y la literatura atienden cada una su juego y su forma mágica de
crear enlaces creativos, de desarrollar
estrategias de pensamiento, de representar lo imposible. Pero son los mediadores, esos “casamenteros entre el texto y el
lector” como los denominó Graciela
Montes, los que se responsabilicen de
que una no esté al servicio de la otra,
ni se olvide alguna para sobrevalorar a la otra.
La
lectura en voz alta será el puente entre las dos. Será el puente entre los márgenes.
Todos
los elementos de una buena experiencia con la lectura ayudan a llamar la
atención sobre ella. Y todos los efectos
de una buena lectura en voz alta promueven el gusto por la literatura.
Las
modulaciones con la voz, los
gestos, las miradas, los silencios. Todas las bondades de las lecturas hechas con
entrega, con intención, con pasión despiertan el deseo de leer
individualmente. De no depender de otros
para que florezca el placer, los mundos
imaginados, las aventuras
escandalosas.
Una
buena lectura en voz alta remarca los conceptos importantes dándole profundidad
a la palabra, quitándole la cáscara
institucional o meramente explicativa.
La palabra poética da poder y pronunciada en voz alta, es un conjuro al placer y al entender. Pero
la palabra escrita, olvidada en su
soledad de biblioteca, no sirve. Es el mediador el que le presta la carne a la magia, le insufla el aire a las aventuras, le enseña al que escucha caminos nuevos de
entendimiento.
La
lectura en voz alta tiene requisitos: debe ser paciente, para que cuaje; seductora, para que atraiga; estimulante,
para que incite a la independencia lectora; sorprendente,
por definición y divertida, para que invite a la repetición.
Los
niños sienten en la piel la dedicación del adulto que les lee, quieren aprender a leer para imitarlo. Si no se les lee con la voz firme, con la mirada inteligente, con la paciencia amorosa del alfarero, se dan cuenta y huyen de la literatura. Cuando
ellos juegan a que leen, no juegan, ya
leen. Leen las formas de tomar el
libro, la parsimonia del correr de las
páginas, la sorpresa de las
ilustraciones, imitan la magia y el
poder.
La
lectura en voz alta será el puente entre la verdad y la memoria. Será el puente entre los márgenes de la
realidad.
También
el lugar debe ser especial. UN LUGAR
ESPECIAL, PARA UNA ACTIVIDAD
ESPECIAL. No puede ser un lugar donde
ocurren otras cosas, debe ser un lugar
físico que permita la realización del mundo interior. Un lugar prodigioso donde sea permitido y propiciado
el juicio crítico y la creatividad.
"El cuento de hadas" de Kertesz
Los
niños deben contar con un lugar garantizado para su lectura individual y sin
cuestionarios para contestar. Un momento
donde se puede desarrollar la habilidad de leer. Y sin embargo, los padres consideran que los niños deben
leer en las escuelas, y algunos docentes
creen que lo harán en sus casas. La
lectura es un bien cultural como cualquier otro y debe desarrollarse y
enseñarse dentro de las escuelas como parte de un patrimonio común.
También
quiero señalar que existen prejuicios con respecto a los niños, muchos.
El primero con respecto al vocabulario.
Que los niños no pueden sumarse a un texto con palabras difíciles, que los textos con muchos diminutivos son
mejor entendidos, que los niños que provienen
de sector sociales de menores recursos no podrán desarrollar jamás un código
más elaborado. Que algunos niños ya son
de los márgenes, y para ellos no es
necesario aprender a leer literatura. Creo
que son errores en los que nos cuesta pensar,
pero que al verbalizarlos en voz alta comenzamos a erradicar por
absurdos.
Un
buen cuento debería ser la mejor recompensa por un día arduo de trabajo, pero no un cuento con intenciones
didactistas, sino el simple agasajo de
una historia sorprendente. La atención
de unos minutos dedicados a la palabra artística como regalo.
El
gran cambio que sienten los niños cuando empiezan a leer solos, es que ya no pueden entender todo por sí
solos, menos si hablamos de palabras
aisladas o de letras sueltas. Necesitan
partir de un todo en el que cada parte ilumine el sentido del resto. En el que un adulto ayude como puente o
mediador cultural.
Desde que nace, el niño está rodeado de lenguaje, envuelto en múltiples capas de palabras
evocadoras y sugerentes. Esas palabras
estacionadas en la boca luego vuelan y van a posarse en los objetos para
nombrarlos, para señalar su
pertenencia y para seguir hablando a través del tiempo. Uno de esos objetos sagrados portadores de
historias, de palabras, de recuerdos y sensaciones son los
libros. Dejemos que los niños en la
escuela tengan la oportunidad de poseer la magia de la literatura y sembremos
el deseo de la independencia en la palabra.
Leído en el Segundo Congreso Provincial de
Alfabetización. “Diversos caminos para un mismo aprendizaje.” Organizado por la
Dirección General de Escuelas y la Municipalidad de Lavalle. Mendoza. Noviembre de
2012
domingo, 14 de octubre de 2012
Justicia poética
Los suplentes.
Ese
sábado era la final del campeonato de fútbol en las canchas del sindicato. Se
enfrentaban los empleados del poder judicial contra los profesionales. Un
partido de gran final. En el equipo de los profesionales, un fiscal, era el
capitán. Se había ganado este puesto gracias a su espíritu aguerrido. Él se encargó de pasar a buscar a los
árbitros para que no hubiera ningún retraso, la puntualidad era un requisito
ineludible para empezar el partido
Ese
sábado, el fiscal se levantó antes de
que sonara la alarma del reloj, y con la
firme convicción de la victoria. El
equipo con el que contaba este año era el mejor de los últimos tiempos. En el
arco, un abogado penalista parecía que tenía alas para volar, dos jóvenes peritos
volvían la defensa un verdadero muro, dos abogados con más mañas que juventud en el
medio campo y él que era el delantero y director técnico.
Ese
sábado el sol brillaba como invitando a la gran final. Nada de viento. Los jugadores fueron llegando muy temprano y
hasta el asador se puso a armar el fuego con antelación. Pero los dos peritos tardaban y no respondían sus celulares. Sin los
defensores, el equipo de los empleados los despojaría del título.
Mientras
hacían el precalentamiento, el fiscal presumió lo peor. Y comenzó a purgar con
la mirada entre los curiosos de los costados. Llamó a dos muchachos que se
habían acercado trotando y que se tiraron sobre el pasto para ver la contienda.
Les ofreció la suplencia y los dos aceptaron inmediatamente. Las instrucciones
fueron: “Este partido es a matar o morir. ¿Entendido?” Los empleados no
presentaron objeciones.
Ese
sábado, el partido fue tremendo. Los
codazos y las patadas daban cuenta de la importancia de ese título. Los dos
defensores nuevos desentonaban del resto por su falta de espíritu, más bien parecían de paseo ya que observaban
mucho y corrían poco. El fiscal hizo un gol muy discutido como posición
adelantada y, como era de esperar, el primer golpe le fue a dar a la nariz y lo
dejó inconsciente.
El
resto de los jugadores, incitados por la
adrenalina, decidieron que los mirones
se ocuparan del fiscal, saliera un jugador del equipo de los empleados y así prosiguiera el partido. Y como era de
esperar, sin el general ni el muro, los
profesionales poco pudieron hacer. El equipo de los empleados hizo tres goles y
obtuvo la deseada victoria.
El
fiscal volvió en sí para presenciar los festejos del equipo de empleados que
por primera vez en años lograba el título. Y los dos suplentes, aunque habían entrado a trabajar en
conserjería apenas el miércoles pasado, también festejaron el triunfo.
sábado, 13 de octubre de 2012
La promesa
Escribir Juan de este mundo fue muy lindo, fue un juego. Hacía mucho tiempo que pensaba en las palabras con las que contaría la historia y un día comenzaron a bailar frente a mi propia nariz. Hice un mapa de la novela en la que incluí todos los rincones y fue así que diagramé las historias de Juan y de Margarita por separado. Luego se encontraban a mitad de la novela como el moño de los zapatos, se mezclaban y volvían a seguir cada uno en su propio libro.
Hoy estoy escribiendo el libro de Margarita que danza a mi alrededor. Todavía no sé cómo se llamará, pero es una alegría cada viernes y sábado que tengo un momento para escuchar las historias que me cuenta esta mujer diminuta que estaba adentro de un enorme abrigo rojo, adentro de un vagón de tren, adentro del corazón de Juan.
miércoles, 25 de julio de 2012
Los vivadores de las palabras
fotografía de Adriana Martinetti
Los vivadores de la palabra.
¿Quiénes deciden los cruces del
azar y las palabras?
¿Quiénes hablan de otros tiempos con las miradas?
Es un pasado que late en nuestro presente,
es un decir que nos viene desde lejos.
Habrá voces calladas que de tanto buscar el cauce
¿Quiénes hablan de otros tiempos con las miradas?
Es un pasado que late en nuestro presente,
es un decir que nos viene desde lejos.
Habrá voces calladas que de tanto buscar el cauce
se inauguren
esta noche.
Habrá manos pájaras que amasen los sueños.
Y nuestras voces,
nuestros ojos,
nuestros corazones
romperán el silencio para inaugurar
puentes de colores.
Habrá manos pájaras que amasen los sueños.
Y nuestras voces,
nuestros ojos,
nuestros corazones
romperán el silencio para inaugurar
puentes de colores.
viernes, 1 de junio de 2012
El libro de quejas
Ayer fue la
presentación de Juan de este mundo en
el marco del Congreso de la Lij. Nos enteramos que teníamos 10 minutos para
presentarlo porque después había cuatro libros en las mismas condiciones que
nosotros. Sentí como si estuviera en la
sala de partos y una multitud de parturientas hicieran cola detrás de la puerta
para dar a luz a su libro. Como el
amontonamiento en una autopista de regreso a la ciudad, los fines de semana
largos; o igual a la pila de panqueques con la que mi suegra hacía sus
inolvidables lasañas.
¡Qué exagerada dirá
usted! Sí, es una exageración, una hipérbole, pero qué le vamos a hacer, mi sensibilidad
desmadrada no entiende de retórica.
Y así, en medio de esa vida exagerada (no al modo de
Juan Romaña) yo quería darle las gracias a Susana que tuvo tanta delicadeza al
presentarlo, tanta inteligencia que
hasta llegué a pensar que por esas cosas del destino ella hablaba de una cosa que
era imposible que yo hubiera escrito….
Ella le daba la bienvenida al mundo al Juan (sin) y yo, estaba pendiente de lo que marcaba el paso
del tiempo. Tic, tac,
tic, tac como los pasos
amenazantes de un ogro patizambo en medio de la noche.
Susana fue encontrando
hebras como rayos en el entramado de palabras.
Hablaba y cada afirmación era una revelación. ¿Me había estado espiando mientras yo
escribía cada página? Y en el momento
destinado a las preguntas también descubrí que algunos que ya habían leído el
libro de mi corazón, ayudaban a
pujar. (Y ojo que en este parto no me
dolió nada.)
-¿El lugar “Portezuelo
del viento” donde compra las tierras Juan es el de Malargüe o el del Aconcagua? Porque hay uno que es denominado por los
montañistas como el fin del mundo…- se explayó Fernanda. Una contracción.
-Sí, sí,
sí. –Quería festejar yo el descubrimiento. Porque es el fin del camino de Juan, un final lleno, un final que le agregaba a Juan, el “con”.
Y porque parte del puerto de Finisterre (lugar natal) y llega a otro
puerto, a otra tierra que también es el fin del mundo (la tierra que
hará nacer al otro Juan). Otra contracción.
¿Eso se dijo o yo me
lo imaginé? Porque los pasos del ogro se
acercaban implacables y me distraían por momentos. Y Ana contó que le leía los trabajos de Juan a
su hija de seis años, cada noche antes
de dormir y le había gustado la forma de describir los personajes. Yo quería
escucharla, porque Juan es, en primer lugar, para ellos.
¡Hasta podía imaginar la carita de esa niña escuchando a su madre que le
“abría la puerta para ir a jugar…”! Pero
la urgencia quebraba la magia, la
burocracia era un desagradable aliento en la nuca.
Por eso quiero el
libro de quejas. No voy a pedir que me
devuelvan el dinero, porque en todo caso
lo que invertí fueron expectativas. No
voy a exigir indemnización porque no hay devolución posible o compensación para
un parto a las apuradas. No voy a demandar a la facultad porque… ¿Por
qué? Y pienso: “Y si no voy a pedir, no voy a exigir ni tampoco a demandar… ¿Qué
hago con el libro de quejas?”
miércoles, 11 de abril de 2012
Juan de este mundo
Juan de este mundo es mi nuevo y querido libro. Ilustrado por Sebastián Dufour de una manera dulcísima. El tiempo que me llevó escribirlo fue un tiempo absolutamente dichoso y espero sea igualmente encantador el tiempo que ustedes pasen leyéndolo.
Aquí reproduzco algunos párrafos del principio ... para ir entrando en tema.
Juan
el corto
Del puerto de Finisterre llegó un barco enorme.
Desde el edificio de la Aduana,
que era el más alto del caserío, se veían tres pisos de gente asomando los
brazos para saludar. Parecía un gran
pastel relleno de personas o un hormiguero.
Entre la multitud viajaba un hombre delgado y
pequeño, que si no fuera porque tenía una barba de meses que le rozaba el
pecho, se hubiera dicho que era un niño.
El peregrino no tenía más equipaje que una valija
marrón, del mismo marrón que fueron sus pantalones antes de desteñirse con el
tiempo, y del mismo marrón que su saco prendido con dos botones minúsculos. Y
también sus zapatos, cuando no estaban cubiertos de polvo, eran marrones. Su
sombrero, su barba y su pelo, del mismo tono terroso.
El viajero era muy callado. Todos en el barco lo
conocieron como Juan; aunque su apellido
era Alonso, nadie le decía “señor Alonso”, ni siquiera “señor”.
También le decían “el corto”, porque era tímido y
cuando todos se callaban para escucharlo y quedaba hablando solo, se le ponía
la cara muy, muy roja.
Al hombre le gustaba que lo llamaran Juan el corto, como si fuera el
personaje de una historia de piratas, igual a aquellas que le contaba su padre
antes de que comenzara la guerra y lo borrara de su vida.
El edificio de la Aduana tenía mostradores donde los recién
llegados se formaban en filas sinuosas como gusanos. Juan se colocó en la
primera fila de tierra firme...
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