De Marisa Pérez Alonso. Permitida y deseada la reproducción, siempre que cites la fuente.
lunes, 25 de diciembre de 2017
Entrevista por Ale y Mauri de "Cinco pal peso" en la radio La Mosquitera
La mosquitera me hizo una entrevista. Me dejaron hablar hasta por los codos, también balbucee un buen rato (todos saben que esa es mi forma de hablar) y me despaché para fin de año. Es difícil hablar de uno mismo y de la realidad que vivimos, pero salió una entrevista picantita en varios temas. Si te interesa seguí el link. Bueno, así charlamos. Si querés podés comentar.
http://lamosquitera.org/2017/12/25/marisa-y-su-mundo-peregrino/
martes, 5 de diciembre de 2017
Un sueño que viaja en el azul
Un mar para Emilia de Liliana Bodoc como
escritora y Vicky Malamud como ilustradora es un vivo ejemplo de sensibilidad y
condensación hecho libro.
Desde
la tapa y contratapa comienza la narración de una historia perpleja de tonos
tenues y envejecidos propios de las narraciones tradicionales. Emilia, aparece
en la tapa de espaldas al lector de modo que tenemos la idea de haber irrumpido
en medio del devenir de los hechos, es decir, una forma más de incluirnos como
lectores de esta historia tan dulce.
En la
mayor parte del libro hay espaciosas y tranquilas ilustraciones de doble
página, presentadas con una porción breve de texto. Componen un mundo donde los
elementos se destacan porque caben, tienen todo el espacio que necesitan, tanto
en la ilustración como en el texto no hay abigarramientos, las narraciones
fluyen de una manera sencilla y el sentido se va desarrollando en equilibrio.
Por
momentos, las ilustraciones corren solas, sin texto, proponiendo un camino de
aventuras para uno de los personajes y para el mismo lector que va viajando por
diferentes escenas.
También
es un acierto el diseño de que en algunas páginas, el texto adopta la forma
ondulante de las montañas o del mar. De este modo el texto está integrado como
un elemento visual además de un mensaje verbal.
El
deseo de conocer el mar es un anhelo para muchos, es un conocimiento que se
atesora por su vastedad y desde el inicio, vemos en la tapa unas nubes con formas
de peces rellenos de letras que me inspiran todos los relatos, noticias y
pensamiento que se reúnen en derredor de una ilusión.
Emilia
es un personaje entrañable, de esos a los que nos tiene acostumbradas Liliana.
Una niña soñadora y con sus propias hipótesis sobre la vida. Esto permite que
el libro pueda ser leído para niños a partir de los cuatro años que se sentirán
identificados con las preguntas y las ocurrencias de Emilia.
Por
otro lado, si la idea es que los niños lo lean solos, yo lo recomendaría a
partir de los siete u ocho años ya que el vocabulario lo permite y la
organización lineal de la narración gráfica favorece a esta lectura
independiente.
Un mar
para Emilia es un libro claro, diáfano, con mundos diurnos, escenarios
despojados y personajes solitarios que nos seducen con su candidez. Agradecidas
a Bambalí Ediciones que cuida de la calidad de estos libros en todos sus
aspectos.
miércoles, 19 de octubre de 2016
Entre el cielo y la tierra
![]() |
| Fotografía Guillermo Carrió |
Hay un lugar en el mundo
que me habita de pies a cabeza.
Un lugar de luz tenue y dramáticas aristas,
que me ensancha el corazón.
Hay una hora entre el cielo y la tierra
en que el futuro se anuda con el presente.
Una hora de completa entrega
a la contemplación que crece y se bifurca.
Hay un lugar entre montañas
como un laberinto de viento y voces,
que transita el destino y el tiempo,
que retrasa la muerte
y la marcha.
Miel de Luna
![]() |
| Fotografía de Guillermo Carrió |
Miel de luna
Saliste mujer, luna de conquista,
a colonizar tu vida perfumada de dulzor.
Vestida de frescura en la tarde,
tentadora de calor y de amor.
Saliste exudando la luz indecente
del deseo, del barro, donde
el universo se condensa y se expande.
Saliste mujer, luna amante,
Resuelta en felicidad llena,
desvanecida en soledad menguante.
Clavaste tus raíces en el medio del pecho
y del cielo.
Allí, donde el son de tu cadera,
hechizó el aire de candombe y murga.
Aquí, donde el recuerdo de tu ternura
es la isla, el refugio, después de la batalla.
viernes, 17 de junio de 2016
El prodigio
Dedicado a mi papá.
El
alfarero prepara el barro como un demiurgo. Mezcla el agua y la arcilla, florece en barro. Amasa la mixtura. Blanquea
la mente. Se concentra en lo incierto, en el misterio creativo. Muta el cosmos
entre sus manos. Lo habita.
Argamasa
de paciencia, medida y esencia. Une el barro todo y gesta las pellas como
pequeños planetas. Prodigio del corazón del artesano.
La pella es
lisa, suave a caricias. Es un huevo, una promesa. Es toda la potencialidad del
universo, es una muestra de humanidad.
Con
un golpe seco y preciso, el alfarero planta la amalgama en el centro del plato.
Se fija ahí, le crecen raíces. Y empieza la danza: el torno gira como el eje de
una galaxia. Gira chúcaro, gira, gira, gira.
El
alfarero sumerge su mano en agua y salpica la pella sedienta. Sepulta la mano en el centro, buscando el
corazón. Lo enciende. Lo seduce y el barro cede.
Una
mano ahueca, la otra sostiene el portento. Una libera, la otra contiene. Una
agranda, la otra acaricia.
Más
agua, gotas que germinan en la arcilla. Crece la magia, descubre la forma del
útero. Y el agujero es recipiente, es la posibilidad recién nacida. El alfarero
se hace también esa vasija.
El
hombre lentifica el plato, lo detiene, cesa la danza. Un segundo quieto como un
suspiro. El hombre habita la historia. Corta la unión del barro al plato, es un
recién parido. Nace el ánfora, nace el alfahar.
Toma
entre sus manos recién anidadas el cántaro y lo coloca en un lugar umbrío. Allí
comenzarán los dos a endurecerse y criar la vida. Luego, los besos del fuego le
darán una nueva vida.
sábado, 5 de julio de 2014
Declaración con aclaraciones
Anoche fui a escuchar a Pablo Bernasconi conferenciar en el Le Parc (Qué espacio cultural maravilloso) ¡Gratis! (Sí, gratis. Casi ni lo habían publicitado) Éramos muy pocos los asistentes. (¡Lástima que no lo fuera a escuchar más gente). La conferencia-charla fue cálida, entretenida, creativa, humorística, generosa. Todos estos adjetivos derivados de la personalidad de su autor. Cuando llegó el momento de las preguntas eran muy dirigidas a lo económico (¡Como si su grandeza se midiera con el signo pesos! ¡Como si el verdadero encanto fuera su habilidad para vender sus productos) Yo caí en su embrujo y me dejé llevar por las anécdotas, las ideas, las demostraciones de humanidad (Descubrí que él es en parte humano porque también se equivoca.), el sostenimiento de sus convicciones y no le pregunté más sobre lo que es verdaderamente importante: ¿A qué jugaba cuando era chico? ¿Tenía un mejor amigo o una mejor amiga? ¿Cuál fue el primer libro que lo conmovió? ¿Por qué? ¿Cambiaría algo de sus libros? ¿Qué libros tiene en su biblioteca de "tesoros"? (Yo tengo los de él y otros más).
Sé que sigue jugando en sus textos e ilustraciones, pero juega con toda seriedad y en serio, como lo hacen los niños. Por eso creo que es un grande (Y no un adulto) con esa grandiosidad que lo envuelve en ingenuidad e inteligencia.
miércoles, 26 de marzo de 2014
(Del libro de cuentos : De la luna y otros monstruos")
MEMORIA
CERCADA
“…aunque
haya tratado de encu-
brirlo,
de callarlo, lo tengo presen-
te,
tras de meses de un olvido que
no
fue olvido, cuando volvía a en-
contrarme
dentro de la tarde aque-
lla,
me sacudia con un violencia para
barajar
las imágenes, como el ni-
ño
que ve enredarse varias ideas
al
cuerpo de sus padres.”
El
acoso.
Alejo Carpentier.
A veces pienso que, tal vez, en un
descuido, he despertado en el cuerpo de otra persona, de alguna que bebió por
descuido el agua poderosa de un río de laberintos y estoy atrapada allí.
Una vez más encuentro a esa mujer a
los pies de mi cama. Cansancio. Nuevamente amanezco en esta habitación sin
cuadros ni mis viejos juguetes. Desesperación. Veo a mi alrededor y todo es tan
neutro, tan aséptico, tan limpio de recuerdos…
Más allá de la puerta se escuchan sonidos
extraños, extiendo mi mano para aferrarme a la que ahuyenta al miedo, pero no
ésta, no escucho a mamá en su jardín de flores, ni al gato que llora detrás de
la ventana.
Apenas se da cuenta esa mujer de blanco que
me despierto viene a sonreírme al umbral de mis ojos. Llama a otras, enfermeras
como ella. Comienza una rara agitación y cierta morbosa algarabía.
A mi mitad de mis pensamientos se
abalanzan sobre mi, médicos, técnicos y bioquímicos, pero nadie conocido.
Parece que ellos son los que pueden sustraerme de mi mal, pero cada vez que vuelvo
de la oscuridad les tengo más miedo. Casi no puedo moverme por los vendajes, y
entre nubes calmantes me explican una y otra vez que no me mueva, que no trate
de bajar de la cama, que no llore, que no extrañe y que recuerde. Pero nadie me trae la tranquilidad de un
rostro conocido, nadie dice qué pasó.
Vuelvo a dormir, es mejor, más suave. Pienso
que tal vez puedo fingir que soy otra persona y me olvido de las ganas de
llorar. Vuelvo a mi interior, baúl que es abismo de cobardías, que me atraen a
su centro y me convierten una vez más en semilla.
Desde que me parezco mas tiempo
despierta no cesan de venir personas a alimentarme, a pasar su mano desconocida
sobre mi cabeza. Me preguntan tantas cosas, entre otras por papá, insisten en
conjurarlo, en descubrirlo escondido en mis dibujos o debajo de alguna lágrima.
Jamás dejan de observarme. Pero el sueño me ayuda, me permite separarme de la
otra orilla, él es mi escondite, es una zanja que me deja de mi lado y a ellos
no les permite seguir persiguiéndome.
También, al dormir, recuerdo el
abrazo de canela y manzanas calientes que me devuelven el color, recobro esas
manos confiables que me acariciaban el cabello y me tomaban para no caer,
recuerdo donde yo era la misma y quienes estaban conmigo.
Estas personas preguntan siempre
por él, por un papá James Bond que yo no conocí. Debe ser el de otra. También
les interesan cosas increíbles como el movimiento de cajas, los cuadros y los
amigos, pero nadie pregunta por mí. Yo sólo soy el puente, soy las ruinas de la
memoria de alguien que no conocí. A veces pienso que he despertado en el cuarto
de otra… Ellos saben hostigar hasta con el silencio, con la tregua entre
comillas.
A papá lo recuerdo a partir de una
tarde de domingo, de sus zapatos inmensos y acordonados y su pantalón-ratón
bien planchado. Él caminaba de una habitación a la otra llevando cajas,
trayendo basura, bajando polvo, levantando recuerdos. No se sabía muy bien si
se quedaba o se marchaba. Había sido siempre así, ésta era la estadía más larga
entre nosotras y ésta sería la que borrara las demás. Me pareció lógico el
despliegue de tanto movimiento, como si fuera una herrumbrada maquinaria que se
erigía y volvía lentamente a ponerse en funcionamiento. Yo lo observa ávida de
sus gestos, de sus sonrisas, de su olor a desierto.
Algunas veces, entre las cajas que
estaba revolviendo encontraba objetos, o tarjetas amarillentas, con letras
desteñidas, o viejos recortes de diarios donde aparecía con abundante barba,
campera y boina, abrazado a otros que nunca vi. Leia las tarjetas o las viejas
noticias con ojos de descubrimiento, a través del vidrio de las lágrimas que
desesperadamente trataba de disimular con una sonrisa mal dibujada, cuando se
encontraban sus apasionados ojos negros con mis ojitos atentos. Otras veces la
bruma del tiempo parecía que se condensaba en el techo y le regalaba algún
grato recuerdo que yo adivinaba por el jirón de alegría en su rostro tan igual
al mío.
Cuando mamá terminaba de arreglar
sus plantas gigantes en el patio o en la galería se ponía a cantar a toda voz y
papá la contemplaba como sumergido en la eternidad, para ser rescatado por un
suspiro o por mis manos que tironeaba de su pantalón. Me gustaba verlo
contemplar el pasado a través de la ventana y trataba de imitarlo porque creía
que era un gesto tan profundo que nos uniría desafiando la arena del tiempo.
Estos primeros recuerdos tan
inmóviles me parecieron aceptables. Luego recobre los momentos que trabajaba
hasta tarde en la biblioteca que ahora era salón de clases donde yo deseaba
entrar con tanto anhelo. Me divertía mucho que papá se llevara mal con las
viejas puertas de casa. Siempre tenía problemas en una casa donde acabamos de
mudarnos. El tenía en la nuestra más de dos meses, pero el primero lo pasó
encerrado en su dormitorio y en cama, recuperándose del hambre del sur y del
asesinato de su amigo durante su mandato en la legislatura. Hablaba de cuando
había sido profesor y de lo exigente que era, de otros países, de
universidades, conferencias…de lucha, la caída y el dolor. Y luego volvía a
perder su mirada que se colgaba de los recuerdos, suspiraba y se dormía. Ese no
podía ser James Bond, era demasiado indefenso.
Todo el tiempo yo estuve a los pies
de su cama o a su costado en la sala, o frente a su escritorio, por si lo
necesitaba, por si lo podía ayudar. No quería que le dijera: “papá”, sino Manolo.
Yo tenía pocos años por entonces,
pero lo sobresaliente es que además tenía poca altura, por lo cual todo se me
volvía desmesurado. Los besos de mis tías, las porciones de torta, las
distancias recorridas en contraposición con aquellas por recorrer, y por
supuesto él, que iba y venía con su ceño fruncido.
Papá
era la única figura masculina de la familia y durante su ausencia siempre
hablaba de él en ese tono sigiloso de las siestas de los domingos, como si con
su nombre se conjugaran los fantasmas. Cuando estuvo en casa traté de seguirlo
sin descanso, para aprendérmelo de memoria, y como a veces caminaba tan
apresurado lo tomaba de una pierna, me abrazaba fuertemente con brazos y
piernas y le sonreía, pero el trataba de desembarazarse de mi rápidamente, como
si yo fuera un paquete oloroso, o un mueble en medio del camino, o esos sobres
marrones sin remitente que recibía antes de su ausencia.
Todos en la casa se maravillaban con mi
poder de imitación, y decían que sin duda lo había heredado de él, por sus
caracterizaciones teatrales, por sus grandes dotes histriónicas. Yo trataba de
seducirlo con los personajes, versos y canciones que mi hermana me había
enseñado con tanta alegría, pero él siempre estaba trabajando y se volvía cada
día más huraño, distante, introvertido. Tenía pocos años sin embargo entendía
que se me escapaba como arena entre los dedos.
No me cansaba nunca de mirarlo y lo
espiaba para tratar de descifrarlo, aún así había algo casi explicito que me
hacia perdonárselo todo, hasta su fastidio.
Así como yo siempre estaba esperándolo,
a mi hermana tenia la incansable tarea de rescatarme de mis escondites y
volverme a la rutina sin el. Me tomaba de la mano y me llevaba a otro lugar,
hacia el otro lado de la frontera. Algunas veces somos nosotros, otras lo son
los demás. El acosador no existe completo, estalla y se divide y prende y brota
dentro de cada uno. Por amor, por odio, por historia, por venganza, por
necesidad, por revancha.
Pero en cuanto podíamos escabullirnos
jugábamos con los sombreros y las prendas enormes de papá y mamá. Cuando papá
nos descubría se alborotaba toda la casa, nos reprendía severamente, con voz de
telenovela y nos hablaba de la segregación, del separatismo, de España, de una
retahíla de cosas incomprensibles. Luego se ponía triste, abismado y nos
sonreía casi exánime. Nosotras habíamos aprendido a callar lo que se debe y a
sonreír a lo que se puede.
Comencé a extrañarlo una tarde que mi
madre y el habían discutido. Había un sobre marrón en el buzón. Mamá le decía a
gritos que era una emboscada, que las negociaciones habían sido una farsa. Papá
llegó a la noche cuando ya nos habíamos acostado a dormir, solo para darnos un
beso en silencio. Al día siguiente no estuvo a cenar y su pantalón color ratón
ya no estaba colgado del ropero.
Mamá lloró como si estuviera de duelo y
lo insultaba por las noches detrás de la puerta de su dormitorio. A la mañana
sonreía cansadamente ante nuestros ojitos inquisidores. Le explicaba a mi
hermana sobre las diferencias, sobre la discriminación, sobre la libertad y el
sacrificio que significaba conseguirla, pero ya no entendía esas palabras, solo
entendía el frío de su ausencia. Ya no lo esperaba, evitaba su lugar en la mesa
y cambiábamos de lugar todos los muebles de la biblioteca que eran un conjuro
para su fantasma.
Mi hermana, que era muy terca, se quedaba
sentada en el espacio entre la ventana y la reja de la calle, como nuestro
viejo y gordo gato, solo para ser la primera que lo viera cuando decidiera
volver.
Yo lo esperaba en la biblioteca, tenia
intacta la esperanza, pero fue gastándose el tiempo. En ese sitio aún
encontraba la arena de sus recuerdos, la imagen de sus gestos y un poquito de
olor desierto. Mucho transcurrió mientras lo esperábamos. Antes de dormir, mi
hermana me escuchaba llorar bajo las sabanas y estiraba la mano desde su cama,
yo la tomaba y era el mejor talismán contra el miedo y la soledad. Nos
quedábamos dormidas así.
La memoria destiñe con el tiempo y chorrea
en el olvido algunos momentos importantes. Su imagen fue dibujándose y creía
verlo en cada hombre delgado de pantalones gastados que se transitaba la vereda
a la hora de la siesta, o en los rostros de los padres que a la salida del
colegio se agolpaban esperando que salieran sus hijos para volver juntos a
casa. Creí que lo encontraría olvidado en alguna fotografía que colgaba la
pared, en el umbral de alguna puerta al doblar la esquina. Algunas veces pienso
que tal vez he despertado en el cuerpo de otra persona.
Una noche del fin del mundo me desperté
sobresaltada por el llanto de mi hermana, los gritos de mamá y una puerta
cerrada con furia que sonó como un disparo. Caminamos por el pasillo temeroso y
en silencio, hasta llegar frente a la puerta de la cocina. Mi hermana llegaba a
lastimarme la mano por la fuerza con que me sostenía. Yo temblaba de frío por
el viento de junio que entraba por la ventana invernal y también temblaba de
horror porque sabía que todo mi mundo estaba detrás de esa puerta,
desmoronándose.
La puerta de calle estaba abierta, había
policías con uniforme por toda la casa, algunos más caminaban afuera. Las
patrullas todavía tenían encendidas esas luces giratorias que convertían a mi
casa en una película de los sábados. Nuestro gato ya no estaba en la ventana y
la televisión seguía transmitiendo noticias que nadie escuchaba en medio de
esta Niche absurda.
A mamá la rodeaban varias personas, aun
en bata sentada en la mesa de la cocina, lloraba desconsoladamente. Le
preguntaban por los sobres marrones, por las grabaciones, si ella no sabia, o
no pregunto, o no encontró nada. Que papá tenía una vida oculta, que era muy
peligroso, que sus ideas violentas, que no lo encubriera. Mamá seguía
derrumbándose inexorablemente, comenzó golpeando el puño sobre la mesa y
lloraba con los dientes apretados. Luego se mecía encorvada en la silla y
repetía cada vez con mas calma que no sabia nada. La calma se volvía densa. Fue
transformándose bajo el peso de las preguntas, cada vez más hundida, hasta que
calló totalmente.
Las personas seguían caminando por la
casa revisando el revés de los cuadros, en los cajones, en lo cajones, detrás
de los libros, mas allá de las sombras. A veces pienso que desperté en el
cuerpo de otra persona.
Descubrí a mi hermana escondida debajo
de una de las plantas de mamá y creí que lo que los policías buscaban con tanto
fervor era a ella, a si que la tome rápidamente de la mano y corrimos hasta el
patio de atrás que estaba protegido por la noche. Trepamos por la medianera y
caímos en el patio de al lado. Pensamos que estaríamos a salvo y nos quedamos
allí, acurrucadas una a la otra, presintiendo que habíamos traicionado a mamá.
Poco a poco vino el silencio. Cuando
creímos que ya no había nadie volvimos sigilosamente, entramos por la
lavandería y nos quedamos allí naufragando en la oscuridad. Buscamos una vela
para consolarnos con esa tenue luz y por fin nos dormimos vencidas por el
llanto, tomadas de la mano, rescatándonos mutuamente.
Desperté por el calor y la tos de mi
hermana. Pude ver como las llamas bailaban entre los muebles felices del
banquete. Era un gran espectáculo, aterrador, gigantesco. Casi sin aire y con
ojos nublados de humo escuche las sirenas y vi llegar a los bomberos que nos
encontraron enterradas en el incendio. Parece que el tiempo vuelve a comenzar
su camino sin dejar vestigios de lo sucedido cada vez que recuerdo el final.
Desde que permanezco mas tiempo despierta
no cesan de venir personas a alimentarme, a pasar con su mano desconocida sobre
mi cabeza. Me preguntan tantas cosas, entre otras por papá. Pero el sueño me
ayuda, me permite separarme de la otra orilla, él es mi escondite, es una zanja
que me deja de mi lado y a ellos no les permite seguir persiguiéndome, se
pierden como las escaleras que terminan en la pared o están ancladas al techo.
Sin embargo siempre dejo mi mano extendida bajo la sabana para negar la
soledad.
jueves, 2 de enero de 2014
Tomar las riendas
Llegaba el año nuevo en el sur y ella vio a través de esa ventana iluminada a quien sería su mundo. No esperó. No dudó. Salió a la calle habitada de posibilidades para alcanzar lo que creía imposible. Se alineó atrás del hombre con mochila en la vereda esforzada, le tocó el hombro. Él se dio vuelta sorprendido. Prestó atención a los labios de la mujer que le susurraban.
- ¡Perdón! - Se sonrió con el comentario.- ¿Cómo dijo? ¿En qué puedo ayudarla? - Agregó agradablemente estrañado por la bella.
- Mara. Mi nombre es Mara.- Declaró la mujer mientras le extendía la mano para saludarlo.
Atónito y sonriente extendió su mano.
Así estrecharon una promesa.
martes, 5 de noviembre de 2013
Diario de una jirafa
Diario de una jirafa
Día uno:
Estos días que he sido jirafa
han sido fantásticos. He visto mi vida chiquita y bonita.
Encontré otros colores en el horizonte y
algunas motas de polvo me acercaron noticias de la magia.
Comer hojas me trajo amistad con unos pájaros
que creyeron que los desalojaría de su horqueta en el follaje. Fue sólo un
malentendido. Ahora me cantan en la mañana y sus trinos me recuerdan la ventana
por la que me asomaba en mi otra vida.
No sé si volveré.
Día dos:
Hoy, que me queda poco tiempo de
esta vida confieso que he aprendido.
He aprendido que nadie es mudo
cuando llega hasta más allá de las palabras. He aprendido que no está sucio
quien con barro construye una casa, un refugio. He aprendido que el camino no
garantiza nada, solamente la búsqueda garantiza la sorpresa. He aprendido que
vivir sin valorar lo que se tienen, es sólo caminar sin conciencia.
El horizonte me regala el brillo
de la magia y la sabiduría de caminar siendo otra, respetando las necesidades
de otros, viendo la vida con otros ojos.
Día tres:
Último día como jirafa: Es difícil abandonar la postura de
un animal tan elegante, silencioso y pacífico. Algo de ella quedará en mí, algo
mío se irá con ella. Ya estoy practicando para el cambio porque ni a ella, ni a
mí nos gustan los cambios abruptos.
Las dos disfrutamos
de los pasos lentos, la brisa en la cara que nos recuerda la libertad y las
caminatas sobre el pasto mojado de la mañana. Pesaré las palabras de forma
diferente después de no tenerlas en la garganta. Mediré las distancias de otra
forma ya que depende del paso. Y especialmente volveré a esta vida a recuperar
los sabores que me regaló el amor. Volveré a pensarme y a inventarme, pero con
la sabiduría de su andar.
viernes, 11 de octubre de 2013
Copos de luna
Minutos de la luna
llena,
copos en mi ventana.
Lobo de pie, feroz,
bebe el perfume
de la mañana.
copos en mi ventana.
Lobo de pie, feroz,
bebe el perfume
de la mañana.
Lunas como ostias
habitan los espacios.
Mujeres como lobas
cimarronean despacio.
Lunas como garras
tajean el agua.
Lunas como garras
tajean el agua.
Y llega el hambre,
el ardor en la carne precoz.
como copos,
como ostias,
como perfumes.
Uñas, dientes, amor
de la luna feroz.
Uñas, dientes, amor
de la luna feroz.
domingo, 23 de junio de 2013
Otoño el amor.
Foto de Laura Rivera en su blog: en el agua del tiempo 2.
Sobre
la pared manchada de tiempo,
un incendio
de hojas llama al amor secreto.
Sobre la piel
descascarada de las horas,
un tronco
fino y esbelto me trae el recuerdo de tu sombra.
Sobre las arenas grises y lanceoladas del
muro,
se recortan los mínimos gestos de
tus caricias y sus hojas.
jueves, 13 de junio de 2013
Los artesanos de la palabra.
Los que siembran puentes
entre dos orillas.
Los que crían árboles
con libros para niños.
Los que limpian el mundo
de guerras y seriedades.
Los que plantan hogares
donde solo hubo casas.
Los que conocen la magia...
y la comparten.
viernes, 17 de mayo de 2013
La deuda
Se murió una muerte
llevándose treinta
mil almas
entre los dientes.
Se murió el terror.
Sólo la carne será gusanos.
Ni la cárcel, ni el desprecio
le aliviarán el peso.
Ni la cárcel, ni el desprecio
le aliviarán el peso.
Se murió de dictador,
de perverso y déspota.
Pagó sólo una muerte
¿A quién reclamarle
jueves, 21 de marzo de 2013
martes, 11 de diciembre de 2012
Cuarto creciente de la luna menguante.
y un loco me hacía señas para distraerme.
Trajo una escalera y un globo, un cuadro
y hasta un desayuno con merengues,
pero no te trajo.
Y cargué la luna sobre mi espalda
para colgarla del techo de mi dormitorio.
Ahora ella ilumina tus poemas como brasas
que me recuerdan tu corazón.
sábado, 1 de diciembre de 2012
La lluvia desnudó tu nombre.
Brilla la ciudad a través de los ojos nostágicos del amante. Se ilumina y se deja llevar por el recuerdo. Invoca los pasos de la amada que lo sorprende con sus besos mojados y antes de la despedida escribe su nombre en el vidrio de la ventana transpirada para recordarse.
La eternidad se suaviza con los besos.
Ella le regala en el vidrio llovido su verdadero nombre para que la posea para siempre, como una marca del último suspiro, como un amor invisible que le pide su aliento.
La lluvia le borra las máscaras y la deja despojada y primigenia en la transparencia de la ventana.
lunes, 12 de noviembre de 2012
La literatura secreta
Fotografías del sitio Pankaj Valia.
La literatura para niños y jóvenes comienza como tal desde hace muy poco tiempo[1] ya que responde a un cambio muy importante dentro de la sociedad, aquel momento en que se consideró a los niños y jóvenes como seres con su propia impronta y no como adultos pequeños. Ligado a este hecho aparece la idea de la escuela como centro de educación para muchos, y la literatura pasa a cumplir un papel específico: trasladar a las nuevas generaciones el modelo social imperante dentro del modelo educacional. La literatura infantil y juvenil, fue considerada en esa época el mejor medio de domesticación política, moral, religiosa y pedagógica.
En
cambio, en la actualidad se superponen
las consideraciones entre una literatura interesada y una interesante. La transformación de los prejuicios o
pretextos acerca de las publicaciones para niños y jóvenes van dejando atrás ese
viso didactista y utilitario con cierta
lentitud, pero cada día se ve más
cercano el ideal de una literatura despojada de utilitarismo.
Existe un gran peligro en catalogar
a la literatura a priori “para niños” o “para jóvenes” porque la capacidad
evocadora del texto, su esencia estética, su particular condición lúdica, que provoca
al lector joven, primerizo, no proviene de su condición de adaptabilidad a
la edad de su destinatario sino a su misterio artístico. Y esta condición debe ser abarcadora y
contenedora. Opuesta a los intereses de
las productoras de libros adocenados, de
los guetos de escritores a pedido, de
las políticas de educación adoctrinadoras.
Tanto los críticos
literarios, los investigadores, los escritores y los docentes - estos
últimos, a veces, no toman verdadera conciencia de qué y cuánto
de críticos tienen – somos mediadores en la difusión de la cultura, y como tales, seleccionamos lecturas recomendables, es decir que en esa distinción evidenciamos
un criterio. Y es curioso saber que ese
criterio, en muchos casos, contempla obras o autores catalogados como
“imperdibles” y que sin embargo, dejan
afuera a muchos de nuestros alumnos,
lectores hambrientos y perspicaces,
que prefieren la recomendación de sus pares, o de lectores marginales al sistema por ser
éstas las obras que los conmueven y transforman.
Todos sabemos que cada uno sufre
una metamorfosis al salir de la lectura de un libro fascinante, intenso,
lúdico. Nadie permanece inmutable
a la buena literatura y esta no debe estar en exposición en una vidriera, sino a la altura de la mano del lector.
En la literatura para niños y
jóvenes es escasísimo el tratamiento de temas como las desapariciones, la política,
la muerte, las malas palabras, el sexo,
la guerra, la discriminación, por nombrar algunos de los vacíos. Temas que
por otra parte están muy presentes en los programas televisivos, los noticieros, revistas,
internet. Es como si existiera la
creencia de que si en la literatura no se incluyen estos temas, la obra es más artística o, tal vez,
si no se habla de esos temas desaparecerán, como por arte de magia. Pero la magia no parece un tema serio. Y los niños reclaman que se los trate
seriamente; los jóvenes buscan la
dignidad de elegir lo que muchos mediadores adultos le censuran.
En su libro Hacia una literatura sin adjetivos,
Andruetto afirma que los lectores reclamamos a través de la literatura
una “porción de humanidad” y el escritor tiene la oportunidad de ofrecerla a
través de una escena, de sus personajes o
de sus interpretaciones culturales.
Por
último, propongo una visión de la literatura como la
última experiencia de libertad. Leer sin
prejuicios para revelar los sentidos de la obra como si de sacar velos se
tratara, un acto íntimo y sensual de
desnudarla. Un camino para rebelar (se)
en contra de la opresión y la censura.
Censura que no siempre se manifiesta abiertamente, sino que muchas veces está en una
omisión, en un cajón cerrado, en la falta de crítica. “Revelación y Rebelión[2]”
dice Andruetto, buena literatura que nos habla de nosotros
mismos, textos como juegos que nos
incluyan como en una ronda. ¿Juguemos a
la ronda, ronda de leer sin
prejuicios? Así sonreiremos más, muchos más.
(Fragmento de la ponencia “Hacia
una literatura más pimpante y menos rimbombante” leída en el Simposio GEC.
Teóricos y Críticos frente al espejo.
U.N.Cuyo, F.F y Letras. En
setiembre del 2011.)
sábado, 3 de noviembre de 2012
El don de abrazar la literatura
"Abuela cuenta cuentos" de Chiara Raineri
Al don, al don,
al don pirulero
Cada
cual, cada cual atiende su juego
Y
el que no, y el que no
Una
prenda dará…
¿Se
acuerdan de este juego? ¿Alguien se
preguntó si Aldón era un nombre o Pirulero un apellido? Nadie, porque en el momento de jugar, un niño no cuestiona las definiciones, juega.
De igual forma cuando un niño juega a que lee, no juega,
lee.
La
Alfabetización y la literatura atienden cada una su juego y su forma mágica de
crear enlaces creativos, de desarrollar
estrategias de pensamiento, de representar lo imposible. Pero son los mediadores, esos “casamenteros entre el texto y el
lector” como los denominó Graciela
Montes, los que se responsabilicen de
que una no esté al servicio de la otra,
ni se olvide alguna para sobrevalorar a la otra.
La
lectura en voz alta será el puente entre las dos. Será el puente entre los márgenes.
Todos
los elementos de una buena experiencia con la lectura ayudan a llamar la
atención sobre ella. Y todos los efectos
de una buena lectura en voz alta promueven el gusto por la literatura.
Las
modulaciones con la voz, los
gestos, las miradas, los silencios. Todas las bondades de las lecturas hechas con
entrega, con intención, con pasión despiertan el deseo de leer
individualmente. De no depender de otros
para que florezca el placer, los mundos
imaginados, las aventuras
escandalosas.
Una
buena lectura en voz alta remarca los conceptos importantes dándole profundidad
a la palabra, quitándole la cáscara
institucional o meramente explicativa.
La palabra poética da poder y pronunciada en voz alta, es un conjuro al placer y al entender. Pero
la palabra escrita, olvidada en su
soledad de biblioteca, no sirve. Es el mediador el que le presta la carne a la magia, le insufla el aire a las aventuras, le enseña al que escucha caminos nuevos de
entendimiento.
La
lectura en voz alta tiene requisitos: debe ser paciente, para que cuaje; seductora, para que atraiga; estimulante,
para que incite a la independencia lectora; sorprendente,
por definición y divertida, para que invite a la repetición.
Los
niños sienten en la piel la dedicación del adulto que les lee, quieren aprender a leer para imitarlo. Si no se les lee con la voz firme, con la mirada inteligente, con la paciencia amorosa del alfarero, se dan cuenta y huyen de la literatura. Cuando
ellos juegan a que leen, no juegan, ya
leen. Leen las formas de tomar el
libro, la parsimonia del correr de las
páginas, la sorpresa de las
ilustraciones, imitan la magia y el
poder.
La
lectura en voz alta será el puente entre la verdad y la memoria. Será el puente entre los márgenes de la
realidad.
También
el lugar debe ser especial. UN LUGAR
ESPECIAL, PARA UNA ACTIVIDAD
ESPECIAL. No puede ser un lugar donde
ocurren otras cosas, debe ser un lugar
físico que permita la realización del mundo interior. Un lugar prodigioso donde sea permitido y propiciado
el juicio crítico y la creatividad.
"El cuento de hadas" de Kertesz
Los
niños deben contar con un lugar garantizado para su lectura individual y sin
cuestionarios para contestar. Un momento
donde se puede desarrollar la habilidad de leer. Y sin embargo, los padres consideran que los niños deben
leer en las escuelas, y algunos docentes
creen que lo harán en sus casas. La
lectura es un bien cultural como cualquier otro y debe desarrollarse y
enseñarse dentro de las escuelas como parte de un patrimonio común.
También
quiero señalar que existen prejuicios con respecto a los niños, muchos.
El primero con respecto al vocabulario.
Que los niños no pueden sumarse a un texto con palabras difíciles, que los textos con muchos diminutivos son
mejor entendidos, que los niños que provienen
de sector sociales de menores recursos no podrán desarrollar jamás un código
más elaborado. Que algunos niños ya son
de los márgenes, y para ellos no es
necesario aprender a leer literatura. Creo
que son errores en los que nos cuesta pensar,
pero que al verbalizarlos en voz alta comenzamos a erradicar por
absurdos.
Un
buen cuento debería ser la mejor recompensa por un día arduo de trabajo, pero no un cuento con intenciones
didactistas, sino el simple agasajo de
una historia sorprendente. La atención
de unos minutos dedicados a la palabra artística como regalo.
El
gran cambio que sienten los niños cuando empiezan a leer solos, es que ya no pueden entender todo por sí
solos, menos si hablamos de palabras
aisladas o de letras sueltas. Necesitan
partir de un todo en el que cada parte ilumine el sentido del resto. En el que un adulto ayude como puente o
mediador cultural.
Desde que nace, el niño está rodeado de lenguaje, envuelto en múltiples capas de palabras
evocadoras y sugerentes. Esas palabras
estacionadas en la boca luego vuelan y van a posarse en los objetos para
nombrarlos, para señalar su
pertenencia y para seguir hablando a través del tiempo. Uno de esos objetos sagrados portadores de
historias, de palabras, de recuerdos y sensaciones son los
libros. Dejemos que los niños en la
escuela tengan la oportunidad de poseer la magia de la literatura y sembremos
el deseo de la independencia en la palabra.
Leído en el Segundo Congreso Provincial de
Alfabetización. “Diversos caminos para un mismo aprendizaje.” Organizado por la
Dirección General de Escuelas y la Municipalidad de Lavalle. Mendoza. Noviembre de
2012
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